sábado, 16 de julio de 2011

Aproximación al aporte de José Carlos Mariátegui a la construcción del socialismo latinoamericano.

Aproximación al aporte de José Carlos Mariátegui
a la construcción del socialismo latinoamericano.

Hermann Güendel

Resumen:
Exploro en este ensayo las posibilidades de enunciar una forma latinoamericana de configurar una propuesta de alternatividad socialista, la cual se sustenta en la constitución de una categoría de reconocimiento de condiciones y sujetos específicos, por ello el carácter regionalista, fragmentado y descentralizado que observamos en múltiples propuestas, tanto las más tempranas como las más recientes, sobre la construcción del socialismo en el Abya yala.
He tomado en este caso particular el análisis de las propuestas de José Carlos Mariátegui, a autor socialista de mi predilección, al considerarlo como el primer teórico de la construcción del socialismo latinoamericanizado.


“La historia la hacen los hombres
poseídos e iluminados por una creencia
superior, por una esperanza.”

José Carlos Mariátegui

1. Socialismo y dignificación en América Latina
El socialismo latinoamericano tiene desde sus primeras formulaciones, hacia 1845, un carácter ético-político reivindicativo e identitario. Este énfasis particular en las reivindicaciones materiales, culturales, e identitarias de la diversidad de seres humanos hace de él, un socialismo diversificado y descentralizado, profundamente diferenciable de las condiciones que la racionalidad eurocéntrica han configurado como aspecto categorial de la práctica-teoría organizativa del pensamiento alternativo en el Abya Yala.
En el desarrollo del socialismo latinoamericano el énfasis principal se ha colocado en la reforma social, más que en la transformación integral o radical de las condiciones materiales y simbólicas de vida.
El socialismo latinoamericano no se escribe en relaciones de ruptura y a temporalidades, sino más bien se configura en relaciones de operatividad histórica . El tema maximalista e insurreccional sólo aparecerá en el discurso del socialismo latinoamericano hasta la década de los 50 del siglo XX tras el derrocamiento de la experiencia del régimen en Guatemala de Arévalo y Arbenz.
El socialismo latinoamericano es pues un proyecto ético que se transforma en político, el cual recoge, para su estructuración, las diversas tradiciones de aquel socialismo europeo que surgió, históricamente, como alternativa de organización social correctiva.
El socialismo bloqueo fue un programa de reformas máximas en salubridad, educación, moral y trabajo. Ese programa máximo respondió a las asimetrías sociales y humanas existentes dentro del capitalismo europeo del siglo 19, las que afectando las relaciones humanas cotidianas generaban perversiones materiales y simbólicas al valor del ser humano dignificado, colocado en el centro de la realidad por el pensamiento filosófico Jus-naturalista y contractualista renacentista.
De este modo las primeras formas de discurso socialista europeo giraron en torno a una organización de la cotidianidad como mecanismo para recolocar al ser humano en la posición centro de significados y realidades, que implicaba aquella antropología del siglo 16 en la que el ser humano era “constructor de ciudades”.
Por ello que el socialismo europeo apareció primero como tema intelectual de alcance moral. Por ello el socialismo europeo fue en principio un fenómeno intelectual cuyos primero representantes fueron literatos, teólogos, juristas y filósofos que reaccionaban ante el progresivo desplazamiento del ser humano a una posición secundaria, según el avance que lograba la consolidación del capitalismo europeo, cuya antropología, aún no enunciada, trataba, en la práctica, al ser humano como un simple agente económico individual.
De esa manera las primeras formas de discurso socialista, hegemónicas hasta 1870, se concentran en una nueva moral, accesibilidad a la educación, a la salud, a la alimentación, ya nuevas formas de convivencia comunitaria y dependencia de la propiedad.
El socialismo es la respuesta reivindicativa de la inteligencia humana a las asimetrías que se acentúan por el proceso de acumulación originaria del capital desde el siglo 16. De esta forma el socialismo que América latina recupera, es una enunciación de lateralidades, cuya compresibilidad responde tanto a la profundización de las exclusiones y asimetrías que Europa padece desde edad media, como la tradición de la filosofía renacentista, particularmente las de Bodin, Groccio y Althusio.
Si bien es cierto que las primeras enunciaciones de este discurso socialista serán denominadas utopías, y sólo después de 1832 como socialistas, no puede caber la menor duda de que ya en el pensamiento utópico se encuentra el germen del ideal de dignificación que constituye la categoría distintiva del socialismo.
El socialismo no nace de la revolución francesa, como lo plantea en su libro sobre el tema Emilio Durkhein. Ya antes de ese proceso existe un discurso socialista identificable, que encontrara, luego de1789, una condición de expansión de su agenda, pero relacionado más la dinámica de transformación son las relaciones políticas que se abren con esta revolución, que a la diversidad de programas políticos que coexisten en aquel proceso.
Más importante que la misma revolución francesa será, para la estructuración del socialismo, el proceso de la Comuna de París de 1871; y más importante aún para la construcción del socialismo en América latina.
Ya desde la segunda mitad de la década de 1840, la migración europea se produce la aparición de las primeras ideas socialistas en América latina: en 1845 en Brasil, 1846 en Uruguay, y 1849 en Colombia.
El socialismo latinoamericano surgió como un discurso identitario de migrantes, que rápidamente dio lugar a la identificación de realidades históricas y humanas diferenciables de las condiciones del capitalismo europeo.
En América latina las condiciones estructurales generadas por el proceso de reconstrucción económica agudizaron las formas de exclusión y existencia asimétrica , configuradas desde el período colonial, constituyendo un contexto particular en el cual la tradición político reivindicativa de los migrantes los lleva a constituir núcleos de resistencia bajo la forma de gremios y asociaciones de artesanos y obreros, cuya más radical experiencia será la aparición en Mendoza, Argentina, del primer Estado Anarquista de América Latina.
El socialismo en América latina tiene como punto cero la segunda mitad del siglo 19, principalmente en aquellos países de nuestra región, que tuvieron mayor éxito en la atracción de migrantes como parte de la política de blanqueamiento.
La diversidad de agrupaciones o de gremios fundados por los obreros europeos, ya fueran éstos italianos, alemanes, o franceses impactaron la cotidianidad social latinoamericana, por interacción antes que por proyección política. La irradiación de ideas y reivindicaciones desde el socialismo europeo o traído a la realidad latinoamericana dará lugar a la configuración de los primeros grupos socialistas latinoamericanos, cuyas reivindicaciones iníciales se concentran en las reformas políticas y laborales, asociados al tema de la tierra, el salario, y la jornada de trabajo.
El socialismo latinoamericano desde sus primeras manifestaciones se organiza en un doble programa, de un lado un programa máximo que consiste en la reorganización de la convivencia- existencia cotidiana, del otro un programa mínimo que consiste en la mejora de las condiciones de salud, trabajo y vida.
El socialismo latinoamericano se escribe entonces desde una categoría de reconocimiento de condiciones y sujetos específicos, por ello el carácter regionalista, fragmentado y descentralizado que adquiere la construcción histórica del socialismo latinoamericano, pese a su denotado panlatinoamericanismo que tan bien asienta a nuestro espíritu, y que Haya de la Torre, en el “Programa Mínimo Del Partido Aprista Peruano”, denominaba Bolívarismo .
El eje fundamental de la reivindicación socialista en América latina es la dignificación humana dentro de un tipo de realidad histórica configurada sobre la base de privilegios y exclusiones. Esta dignificación no considera solamente al capitalismo como condición material de las asimetrías y exclusiones que aquejan nuestra región del mundo, sino también a las relaciones de colonialidad e imperialismo que transversalizan muestra cotidianidad. De esta manera el socialismo latinoamericano es antes que ético- político, antiimperialista, unionista, republicano e independentista.
Es por ello que ya desde las primeras formulaciones del socialismo latinoamericano, hechas por latinoamericanos en el contexto de la revolución mexicana de 1910 en el puño y letra de los hermanos Flores Magón, el discurso de la alternatividad socialista se ubica simultáneamente en dos escenarios: el rural, y el urbano.
Esto constituye una de las razones de esta característica distintiva del socialismo nuestro, que es particularmente el lugar de su enunciación. La reivindicación humana en América latina no se formula en un único horizonte de sociedad, si no en tantos como condiciones de dignificación reivindicatoria se identifiquen en relación a un ser humano concreto, dentro de una realidad histórica nacional. De este modo, si bien es posible identificar múltiples aspiraciones comunes entre las diversas formas de socialismo latinoamericano, la más evidente, entre todas ellas, es la de reorganizar la sociedad de modo que se garantice la satisfacción de las reivindicaciones materiales y simbólicas, no de individuos, no de masas, sino de pueblos, considerados más que como sujetos como actores.
No hay derechos que nos hagan sujetos, pues no se es sujeto en tanto se recibe una acción, sino que se es sujeto en tanto que se produce. El sujeto es tal en tanto se constituye en un actor. De esta manera aquella vieja temática ética-político del socialismo europeo, se reinterpreta en una temática política identitaria, en la cual la antigua tesis leninista de 1920 que refiere a que “el socialismo es el resultado de múltiples experimentos” cae en desuso. El socialismo latinoamericano recurre más a la previsión política que a la experimentación, recurre más a la experiencia efectiva que se da en las revoluciones triunfantes, como un criterio operativo no como modelo arquetípico, se vea el socialismo entonces no como construcción a corto plazo, sino más bien como una compleja reconfiguración de largo plazo.
De este modo el socialismo latinoamericano, en su diversidad, no propone una ruptura con las conquistas políticas del estado de derecho configurado por el capitalismo, a modo de las viejas posiciones ortodoxas del socialismo europeo y asiático, sino más bien una profundización de estos en los ámbitos de la participación, la libertad, y el reconocimiento de la diversidad de sujetos. Esto es lo que explica que en nuestro socialismo el sujeto se constituya en actor, y la enunciación del discurso se opere ruptura con Europa y en recuperación de lo invisibilizado.
La política, con esto, deja de ser religión superestructural de intenciones ocultas operada por individuos, para hacer región de reconfiguración dignificadora de lo social a través de la cogestión de colectividades y comunidades. El socialismo latinoamericano plantea entonces una redefinición antropológica a la que se le asocia una nueva axiología, donde la tolerancia, la diversidad, la colectividad, la solidaridad y la persona asumen nuevos significados en relación a la acción colectiva. Sólo en América latina el hombre puede y debe ser resignificado como significador de realidades, constructor de mundos, cogestor de dignificaciones.
La vieja propuesta del marxismo clásico referida a la desalineación del hombre, pasa a ser comprensible en relación a reivindicaciones particulares materializables dentro de cada realidad histórica específica, pues la sociedad civil latinoamericana es un escenario compuesto por múltiples sujetos, visibilizados en su diversidad por las condiciones de exclusión y denigración, física y simbólica, a la que se nos ha sometido la lógica del sistema mundo capitalista, la colonialidad y el imperialismo.
El socialismo en América latina tiene dentro de sus características el favorecer la gestión de múltiples propuestas viables de dignificación que son a su vez resignificaciónes de realidades sociales concretas.
Considerada la historia del socialismo latinoamericano desde sus primeras formulaciones, como socialismo importado, hasta sus formulaciones como socialismo enunciado desde la especificidad de América latina, este discurso de dignificación humana se caracteriza tanto por su diversidad y heterodoxia, como por la prioridad de la dignificación de la diversidad humana, el proceder largo plazo exista, la profundización del estado de derecho, la multiplicidad de escenarios sociales y humanos en los que se inserta, el favorecimiento a una participación del hombre como actor en la cogestión de la alternativa política, y finalmente, por la indefinición de un horizonte único y común aplicable mecánicamente a toda América latina, lo cual nos abre a una diversidad de perfiles de sociedad y de reorganización socialista de la convivencia cotidiana.

2. Socialismo y Latinoamericanismo en Mariátegui
En opinión de J. Flores (2006): “Mariátegui observa que la apropiación del marxismo debería ser de una forma diferente que en Europa, y que no debía ser una copia del marxismo europeo”.
El primer caso de discurso socialista latinoamericano aparece, como lo hemos observado arriba, en el contexto de la revolución mexicana de 1910, de puño y letra de los hermanos Flores Magón. Sin embargo, los Flores Magón desarrollaron un discurso de traducción de la tradición anarquista de Kroptkin y Bakunin al proceso mexicano en respuesta conceptual a las condiciones políticas y sociales configuradas por el “Porfiriato”.
Es por ello que Mariátegui, el amauta, será el primer discurso socialista desarrollado desde América latina desde una enunciación estrictamente latinoamericanista, pese a las influencias del marxismo clásico, el leninismo y el trotskismo que podemos fácilmente identificar.
El discurso socialista de Mariátegui se describe desde una especificidad categorial, que es el concepto de Colonialidad, simbólica, intelectual y jurídica, una enunciación de aparición temprana que será, con los años del aporte intelectual que más podemos destacar en nuestro actual análisis.
Es este énfasis en las condiciones de colonialidad que lo llevan a explicar como: “la suposición de que el problema indígena es un problema étnico, se nutre del más envejecido repertorio de ideas imperialistas. El concepto de las razas inferiores sirvió al occidente blanco para su obra de expansión y conquista. Es esperar de emancipación indígena de un activo cruzamiento de la raza aborigen con inmigrantes blancos es una ingenuidad anti sociológica, concebible sólo en la mente rudimentaria de un importador de carneros merinos.”
Es la enunciación del discurso socialista desde la posición estrictamente latinoamericana de no copiar el marxismo europeo, el que lleva a Mariátegui a desplazar el lema leninista, y clásico, del internacionalismo por un latinoamericanismo anti imperialista: “Los pueblos de la América española se mueven en una misma dirección. La solidaridad de sus destinos no es una ilusión de la literatura americanista. Éstos pueblo realmente no sólo son hermanos en la retórica sino también el historia.”
El latinoamericanismo antiimperialista de Mariátegui no desemboca en un nacionalismo, sino en una propuesta de unitarismo que toma forma en un proyecto de conglomerado latinoamericano.
Es en este sentido que Klaus Sender (2003) propone: “Mariátegui cifra sus esperanzas en que los pueblos del continente se unan, ya que todos, en su mayoría, proceden de la matriz única de la conquista, que destruyó las culturas y las manifestaciones autóctonas, uniformó la fisionomía étnica, política y moral de la América hispana. El objetivo de esta unión se cifra en que todos estos pueblos tengan carta de ciudadanía y que no estén retirados a las decisiones más importantes de los políticos”.
Mariátegui enfatiza en la particularidad histórica de América latina como resultado de aquello que Trostky proponía como “La Ley Del Desarrollo Desigual y Combinado”, pero interpretando esta enunciación desde el punto de vista político y no económico, como retraso político es decir como categoría que da una nueva especificidad a la situación histórico política latinoamericana y que constituye el verdadero contexto histórico revolucionario.
Mariátegui escribe entonces: “Presentemente, mientras unas naciones liquidado sus problemas elementales, otras no han progresado mucho en esa solución. Mientras unas naciones han llegado a una regular organización democrática, en otras subsisten hasta ahora densos residuos de feudalidad. El proceso de desarrollo de todas las naciones sigue la misma dirección, pero ninguna se cumple más rápidamente que en otras. Pero lo que separa y aísla a los países hispanoamericanos, no es esta diversidad de horario político. Es la imposibilidad de que entre naciones incompletamente formadas, entre naciones apenas bosquejadas en su mayoría, se concerte y articule un sistema o un conglomerado internacional” .
Mariátegui propone crear una unión de la “Indoamérica”, para utilizar el lenguaje de nuestro autor, que podemos denominar Panlatinoamericana, en abierta oposición al Panamericanismo desarrollado desde la doctrina Monroe y el corolario Wilson. A ello responde directamente el énfasis en la noción de frente único que aparece en el discurso de construcción del socialismo de nuestro autor.
El sujeto histórico no posee la característica de homogeneidad desde el que se enuncia el sujeto histórico en el socialismo europeo, sino que más bien es heterogéneo a grado tal que se amplía haciendo inclusión del indígena. De esta manera el amauta no habla de proletariado, o de proletariado y campesinado, sino que habla de masas, el sujeto histórico latinoamericano es diverso, es decir no homogéneo.
Por ello es que Mariátegui al hacer énfasis particular en que la participación política de la diversidad, que constituye al sujeto histórico latinoamericano, ha de ser profundamente democrática, es decir descentralizada, a diferencia del viejo centralismo leninista. El amauta escribe en este sentido: “Nuestro tiempo, finalmente, ha creado una comunicación más viva y más extensa: la que ha establecido entre las juventudes hispanoamericanas a la emoción revolucionaria. Más bien espiritual que intelectual, esta comunicación recuerda lo que concertó la generación de la independencia. Ahora como entonces la emoción revolucionaria de la unidad a la América indo española. Los intereses burgueses son concurrentes o rivales, los intereses de las masas.”
La noción de socialismo de este, el primer socialista latino americanizado, se ha separado de la centralidad categorial europea, proponiendo una indefinición del horizonte histórico alternativo, el cual más que responder un perfil único, tiene múltiples posibilidades producto del esfuerzo mancomunado de los seres humanos concretos.
Bien señala en este sentido J. Flores (2006): “Mariátegui al volver su propuesta socialista centrada en el ser humano, no lo hacía en forma abstracta. No era la visión antropológica genérica, en la que prima la visión humana sobre la estructura. Era algo más Mariátegui enfocar su humanismo en la problemática del indio del Perú.”
El socialismo latinoamericano por una razón histórica es antiimperialista, de eso no hay duda más aún el mismo, Mariátegui escribe a este respecto: “El imperialismo no consiente a ninguno de estos pueblos semi-coloniales, que explota como mercado de su capital y sus mercancías, y como depósitos de sus materias primas, un programa económico de nacionalización e industrialismo, los obliga a la especialización, a la monocultura, sufriendo una permanente crisis de artículos manufacturados, crisis que se deriva de estar rígida determinación de la producción nacional por factores del mercado mundial capitalista. El capitalismo se encuentra en un estadio imperialista. Es el capitalismo de los monopolios, del capital financiero, de las guerras imperialistas por el acaparamiento de los mercados y de las fuentes de materias brutas.”
Lo histórico, en el discurso de Mariátegui, es punto de partida de argumentación, no categoría de organización del discurso alternativo socialista; tiene entonces Klaus Sender (2003) plena razón al asegurar que debe entenderse a Mariátegui como: “un representante marxista significativo y original, que intentó en forma creativa, poner al día la propia historia y la historia del continente latinoamericano.”
El socialismo de Mariátegui no se establece en ruptura con la producción industrial, si no con las condiciones de exclusión que produce el capitalismo, es decir en franca apertura a las nuevas condiciones económicas sociales y políticas que el capitalismo ha producido en América Latina. El socialismo, en la propuesta de Mariátegui, no intenta recuperar el pasado, el comunismo incaico. Mariátegui (1929) escribe al respecto en el Programa Del Partido Socialista Peruano lo siguiente: “El socialismo encuentra, lo mismo en la subsistencia de las comunidades, en las grandes empresas agrícolas, los elementos de una solución socialista a la cuestión agraria, solución que tolerará en parte la explotación de la tierra… pero esto, lo mismo que el estímulo que se presta al libre resurgimiento del pueblo indígena, a la manifestación creadora de sus fuerzas y espíritu nativo, no significa en absoluto una romántica y anti-histórica tendencia de construcción o resurrección del socialismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas y del cual sólo quedan como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y de socialismo de campesinos indígenas. El socialismo presupone la técnica, la ciencia, la etapa capitalista, y no puede importar el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civilización moderna, sino por el contrario la máxima y metódica aceleración de la incorporación de esas conquistas en la vida nacional.”
Esta consideración de estrategia política para el desarrollo de un socialismo que reconozca la especificidad de sujetos y condiciones históricas latinoamericanas supone definitivamente la aplicación revisada del criterio leninista de independencia de clase, revisado en términos de un sujeto que se ha reconocido como diverso.
Por ello M. Lowy (2003) ha enfatizado en que: “El rasgo esencial del marxismo de Mariátegui- en contraste con el de la ortodoxia del Kremlin- es el rechazo de una ideología del progreso, y la imagen unilateral y eurocéntrica de la historia universal…. El socialismo, aunque bien ha nacido en Europa, como el capitalismo, no es específicamente ni particularmente europeo.”
El programa mínimo del socialismo que defiende Mariátegui se encuentra centrado por esta razón no es la directriz política que ha emanado el buró latinoamericano del Comintern, sino más bien en la reivindicación inmediata de las condiciones de salud, salario, libertad democrática y reforma agraria. No en balde esta separación de la línea de pensamiento único que le valió a Mariátegui que: “los defensores de la ortodoxia estalinista condenaran su pensamiento como extraño al marxismo, populista y romántico.” Lowy, M. (2003).
Mariátegui interpreta la realidad política desde las condiciones particulares de existencia histórica del sujeto político masas en América Latina se está dando entonces las tareas de reivindicación desde las mismas prioridades que hubo esta región impone, no es de lo que el discurso socialista estructurado desde el pensamiento eurocéntrico tradicional, ya sea el clásico del marxista-leninista, propone como prioridades de la acción política.
Mariátegui no ha dejado de lado el programa máximo alternativo, mismo que sigue siendo el socialismo, pero no un socialismo centralizado a modo leninista, sino más bien descentralizado o sea mancomunado o diverso, que no se configura en ruptura, sino más bien en complemento con el programa de modernización liberal.
En Mariátegui el Tawantinsuyo actual, la América latina, no ha logrado la modernización de la sociedad, pues ha sido insertado prematuramente en la contemporaneidad de las relaciones internacionales capitalistas, sin haber logrado madurar la reivindicación de un estado nacional soberano.
Esta será entonces una de las tareas del socialismo y una de las características del futuro socialismo latinoamericano.
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Flores, A. (1994). Mariátegui o la experiencia del otro. Lima: Empresa Editora Amauta.
Flores, José. (2006). El pensamiento de José Carlos Mariátegui. Teoría y Praxis # 9. Lima: Amauta.
Lowy, M. (2003) Marxismo y romanticismo en José Carlos Mariátegui. Teoría y Praxis
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Mackenzie, Norman. (1983). Breve Historia del Socialismo. México: Labor.
Mariátegui, José. (1924, M). El 1º de mayo y el frente único. Recuperado de: www.marxist.org.
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Sender, Klaus. (2003). José Carlos Mariátegui y algunas cuestiones culturales de la revolución. Teoría y Praxis # 5. Lima: Amauta.

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